Desidia.
Todo en él era un signo de interrogación.
Me hizo sentir muchas cosas, pero el sentimiento destacado en nuestra “relación” que no llega a eso, pero no sé cómo nombrar ese algo que teníamos, que no era mucho, pero tampoco se me hizo poco, fue duda.
Es que es de esas personas que te tienen a mitad de carretera, a mitad de camino, que no sabes si vas o vienes, que no sabes si quieren que te quedes o te vayas, y mejor te dejan esperando en el marco de la puerta. Y la puerta está emparejada, no está cerrada, no está abierta, y quieres saber si la cierras y te vas, o te metes y le pones seguro.
Entonces estuve en el limbo de su confusión, pero cada vez más segura de que no funcionábamos, de qué no era esto lo que yo esperaba al estar con alguien, y al mismo tiempo aferrada a él, a sus brazos tatuados, a sus besos apasionados, a su tono de voz y a su media sonrisa cada que le decía algo que lo hacía reír.
¿Cómo se deja alguien a quien no quieres dejar, pero sabes que debes hacerlo por tu bienestar?
No lo sé.
Supongo que no lo haces, esperas a que te deje.
Pero tampoco tiene el descaro de dejarme, es como si me pusiera en pausa, por algunos días, a veces semanas, y luego me extraña y me habla y dice que quiere verme, y volvemos a la discusión de siempre, “sólo es cuando tú quieres”, “no tienes derecho a aparecerte y desaparecerte en mi vida cuando quieras”, “no digas que me regresas la llamada y luego no lo hagas hasta después de dos semanas”, “ya fue suficiente”, “no sé qué quieres que te diga”, “bueno, tal vez, mañana podríamos vernos”, “yo también quiero verte, pero todo lo haces difícil”.
Frases que se repiten en un ciclo que no se acaba, y quiero que se acabe, pero soy adicta a no terminarlo de verdad.
Así que déjame dejarte ir, o tal vez déjame ir.
Termínalo por completo, desaparece aunque me pase meses extrañando tus besos y preguntándome el por qué no has vuelto, hasta que lo entienda.
Hasta que se termine, porque así lo decidiste y tuviste más fuerza de la que tenía yo para dejarnos ir.
Termina la duda, acaba con la desidia.
Termíname antes de que acabes conmigo.
O tal vez sólo, acaba conmigo, y funciona mejor.